Museo Sorolla y explicación de la obra”Defensa del Parque de Artillería de Monteleón”

Autor: Raúl Cubillo Cámara Canon EOS 40D Objetivo Canon EF-S 17-85mm
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Defensa del Parque de Artillería de Monteleón

Defensa del Parque de Artillería de Monteleón

Esta obra muestra el momento de la muerte del militar Pedro Velarde durante el levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid contra las tropas invasoras francesas.

En un primer plano y centrado está el cuerpo agonizante de Velarde, tras ser disparado a quemarropa por un oficial de la Guardia Noble polaca que acabó con la vida del heroico militar. Este, esta apoyado en los cañones que había sacado del arsenal y con el que contuvo, en una lucha callejera encarnizada durante más de 3 horas, a las tropas del general Murat, que terminó por ordenar al general Lefranc que aplastase con tres mil hombres a los insurrectos. Rodeando esta escena se encuentra el pueblo de Madrid y algún militar luchando a sangre y fuego y entre los que se pueden distinguir gentes de todas las edades y sexos, luchando y muriendo como uno solo. Así vemos junto a Velarde a un anciano, aparentemente herido, apuntando con una pequeña pistola. Junto a él una mujer que yace muerta, y a su lado, a un hombre de apariencia joven que acaba de ser alcanzado mientras le sujeta otro individuo en una pose un tanto artística y forzada. Detrás de este primer plano se encuentra la marabunta de gente que sale del arsenal en busca del enemigo. Una imagen que simboliza perfectamente el caos, la irracionalidad que tuvo que reinar durante la revuelta cuando el pueblo, en un alarde de valor y deseoso de justicia, se arma para protagonizar la lucha contra el invasor.

Joaquín Sorolla tuvo una infancia difícil, nació en valencia en 1883 en una familia humilde. A los dos años quedo huérfano a causa de la muerte de sus padres por cólera, siendo él y su hermana de 1 año recogidos por sus tíos. Fue mal estudiante pero pronto apuntó maneras para el dibujo. Entro a los 15 años en el taller del fotógrafo Antonio García que acabo siendo su suegro. Sorolla ha sido un pintor muy cuestionado por la crítica, pero adorado por el pueblo. Coincidió con el nacimiento de las vanguardias, lo que le situó en una posición comprometida, durante unas décadas, en las que el ideario vanguardista impuso sus postulados con la fuerza de una dictadura estética. La primera etapa pictórica de Sorolla tiene una impronta social y narrativa.

La obra de un marcado realismo y dramatismo, la realizó exclusivamente para la  Exposición Nacional de 1884, en la que consiguió la Medalla de Segunda Clase, ya que sus cuadros anteriores, que no seguían la temática oficial de realismo histórico y dramático, habían pasado sin pena ni gloria. Gracias a este premio adquirirá una gran fama y prestigio.

La época en la que se inserta el cuadro, está marcada en el contexto político español por el singular “turno pacifico”, por el cual mediante un pacto tácito el partido conservador, dirigido por Cánovas, y el liberal, con Sagasta a la cabeza, monopolizaban el gobierno de la Monarquía Constitucional, restablecida la dinastía Borbón tras el breve periodo republicano. Ambos partidos se pasaban el gobierno, al convocar unas elecciones ficticias caracterizadas por la enorme corrupción y el caciquismo existente en los pueblos. Este sistema fue diseñado por Cánovas con el fin de otorgar estabilidad a la Monarquía para acabar con la mala experiencia en el periodo del reinado de Isabel II, donde el monopartidismo a la hora de gobernar dejaba a una gran parte de la sociedad excluida de la participación política.

En el ámbito cultural se produce una apertura a las tendencias procedentes de fuera, principalmente de Francia. Los republicanos,  que veían en la educación el principal elemento necesario para el desarrollo de España, siguiendo la corriente Krausista, se unirán en torno al proyecto de la Institución Libre de Enseñanza, con el fin de crear una elite dirigente moderna y europea.

En estos años, España, al igual que el resto de países europeos, se ve inmersa en profundos proyectos culturales con el fin de reafirmar la identidad de la nación. España tendrá graves problemas en este sentido, en comparación a otros países como Gran Bretaña o Francia, que gozaban de un fuerte nacionalismo. En España el sentido nacional siempre parce que ha sido un poco ensombrecido por el papel de la monarquía y la Iglesia, los verdaderos referentes de la sociedad española, y las dos instituciones que tradicionalmente mas pasiones y voluntades han levantado. El cuadro de Sorolla puede enmarcarse en ese intento de reafirmar los valores y hechos históricos patrios, para intentar incrementar el sentido nacional con el objetivo de crear la moderna nación española, siguiendo los modelos de otros países europeos. Para conseguir este propósito, que mejor que los hechos heroicos ocurridos durante la Guerra de Independencia. Sin embargo, los objetivos no fueron del todo alcanzados, y ello dio pie, que a falta de un modelo nacional atractivo para todas las regiones españolas, y a un centralismo asfixiante y excluyente, surgiesen regionalismos y  aspiraciones independentistas en aquellas partes de España que poseen una identidad cultural e histórica propia.

En cuanto al contexto histórico de la obra se encuadra dentro de las guerras napoleónicas, en concreto en 1808. Por aquel entonces, Francia había obligado a  España firmar un tratado para que las tropas francesas pudieran atravesar el territorio español para invadir Portugal. Además del permiso de paso y de la ayuda militar, el tratado registraba el reparto de Portugal. Con la firma del tratado colocara al rey Carlos IV de gran ineptitud política, en medio de un huracán político que acabara con su reinado. El primer cuerpo de ejército francés que penetra en la península está al servicio de una estrategia diseñada por Napoleón, que se denomino “bloqueo continental”, que se basaba en el paso  del dominio militar sobre el terreno con alguna lucha en el mar a una guerra económica, principalmente contra Inglaterra, su archienemiga.

El ejército francés, en su paso por la península, fue posicionando contingentes de forma estratégica en las principales ciudades.  Esto empezó a suscitar sospechas entre la población de que los franceses más que querer atacar a Portugal, parecía que querían invadir España. Durante el tiempo en que los franceses convivieron con la población, esta tenía la obligación de suministrar todo lo que solicitasen los soldados franceses, creando en muchas ocasiones conflictos y roces, ante la situación realmente precaria que vivía la población española en aquellos años, ya que debían de además de suministrar alimentos y pertrechos a los soldados galos, que sumaban un número importante, debían de atender las necesidades del resto de la población.  Los ataques de los soldados franceses a la población de Madrid iban en aumento, y la ocupación empezaba a tener visos de conquista.

El 2 de mayo de 1808, la muchedumbre vio cómo los soldados franceses sacaban del palacio al infante Francisco de Paula, y el gentío intentó asaltar el palacio para impedirlo. Este tumulto fue aprovechado por Murat, que mandó rápidamente a unos Guardias Imperiales al palacio, acompañados de artillería, que disparó en contra de la multitud. Al deseo del pueblo de impedir la salida del infante, se unió el de vengar a los muertos y el de deshacerse de los franceses. Con estos sentimientos, la lucha se extendió por Madrid.

Conscientes de la necesidad de reaccionar, el comandante de artillería Luis Daoíz, junto a su amigo y compañero el capitán Pedro Velarde, decidieron pasar a la acción. Desobedeciendo las órdenes del alto mando, que solicitaban acuartelarse y esperar nuevas órdenes, los dos oficiales tomaron la determinación de plantar batalla a las tropas francesas. Proveyendo de armas a la población civil, se aprestaron a presentar resistencia en el parque de artillería de Monteleón. Velarde se puso al mando de una tropa de paisanos sin experiencia, mientras Daoíz dirigió una batería de cuatro cañones frente a las puertas del parque, con los que infligió numerosas bajas a la infantería francesa. Una tras otra, las cargas de infantería se veían diezmadas y su avance frenado ante las salvas de cañones.

Sin embargo, se enfrentaban a un enemigo diez veces superior en número, y pronto empezó a escasear la munición, y la resistencia se hacía más complicada. Velarde recibió una herida mortal en el corazón. Daoíz, herido gravemente, fue conducido a un hospital donde murió ese mismo día.

Sorolla con esta obra de profundo dramatismo, capta muy bien el enorme caos, con esos gestos desencajados de aquellos que yacen moribundos en el suelo, o que ven como algún compañero acaba de caer. Sorolla sabe que la insurrección tuvo que ser un infierno, y lo retrato con sumo realismo. Como suelen ocurrir en los levantamientos populares, se mezclan el desorden con la pasión, que desemboca en una histeria colectiva, que se percibe perfectamente en el cuadro. Salvando la capacidad del autor para suscitarnos diversos sentimientos al contemplar la obra (sufrimiento, venganza, solidaridad con el compañero caído o que esta a punto de fallecer, odio…), el autor parece ser que realizó el cuadro exclusivamente para la exposición, sin que fuera realmente un tema que a él le atrajera en gran medida, y parece ser que fue así en una frase que se le atribuye en el que sostiene que “Aquí, para darse a conocer y ganar medallas, hay que hacer muertos.”, de la que se desprende que lo que buscaba principalmente era reconocimiento a su calidad como pintor.

Autor: Raúl Cubillo Cámara Canon EOS 40D Objetivo Canon EF-S 17-85mm
Autor: Raúl Cubillo
Cámara Canon EOS 40D Objetivo Canon EF-S 17-85mm

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